Antes de adentrarnos en el enfoque de gestión patrimonial de los principales bancos privados del mundo, vale la pena reflexionar sobre el artículo anterior, en específico sobre el concepto “filosófico” de conocerse a uno mismo. Quienes me conocen de cerca entienden perfecto la broma detrás de la parte “filosófica”; mis hijos la tienen muy clara.
Sesgos personales y perfil del inversionista
Es un hecho que no todos percibimos el riesgo de la misma manera; esto refleja sesgos personales. A algunos les gusta salir a caminar por el bosque, pero escalar en roca les parece demasiado extremo; otros prefieren la bicicleta de montaña, y aun dentro del MTB, el apetito de riesgo varía: hay quienes prefieren senderos amigables y bien trazados, mientras que otros buscan trazar sus propias líneas en descensos pronunciados, sin importar la dificultad técnica ni los riesgos que implica.
Con el dinero ocurre exactamente lo mismo. Hay personas que recurren a instrumentos del mercado de dinero; otras prefieren bonos corporativos, mientras que algunos se sienten cómodos con activos de mayor riesgo, como un índice bursátil o acciones individuales, entre otros. Una parte fundamental del deber fiduciario de una banca privada consiste en evaluar la disposición del cliente a asumir riesgos junto con su capacidad real para absorberlos; a fin de cuentas, la tolerancia al riesgo es algo personal. Te invito a hacer una pausa y pensar en tu propia visión del riesgo; es un ejercicio crucial en el que no hay respuestas correctas ni incorrectas, simplemente tu preferencia.
Ahora bien, ¿es acertado decir que un mayor conocimiento y experiencia en escalada en roca o MTB impulsaría a las personas a dar el siguiente paso si así lo deciden? Esto se traduce en nuestra competencia como inversionistas: conocimiento y experiencia financiera. En la industria, a esto se le conoce como competencia del inversionista o idoneidad (suitability).
Recuerdo que un amigo les dio dinero a sus hijos hace algunos años para que empezaran a invertir en el mercado de valores. Eran apenas adolescentes y su conocimiento del mercado era, en consecuencia, limitado. Estaban muy concentrados y operaban de manera activa. Evidentemente, nadie saldría perjudicado si se perdiera ese dinero, pero con la guía y supervisión de mi amigo, fueron adquiriendo conocimiento y soltura en los mercados financieros. Continúan operando hasta la fecha.
El entendimiento que mi padre tenía sobre los mercados financieros era limitado; se desempeñaba como director comercial en una cadena de radio. En septiembre de 1987, tras escuchar insistentemente que el índice de la Bolsa Mexicana de Valores crecía sin parar, decidió invertir por primera vez algo de dinero sobrante en acciones. Para no hacer la historia larga: el lunes negro, el 19 de octubre de 1987, el mercado bursátil global se desplomó, incluido el de México. Afortunadamente era dinero prescindible, pero también fue la última ocasión en que él invirtió en renta variable.
Este es el clásico ciclo conductual: el sesgo de recencia (creer que lo que el mercado está haciendo en este momento continuará de forma indefinida), combinado con el temor a quedarse fuera (fear of missing out - FOMO), y tras el desplome, el “efecto mordedura de víbora” (snakebite effect): una vez herido por una caída de mercado, el inversionista desarrolla una aversión profunda hacia esa clase de activos.
Las finanzas conductuales son una disciplina fascinante y sólo hemos tocado la superficie al mencionar el sesgo de recencia, el FOMO y el snakebite effect . Si deseas profundizar en este tema, existe abundante literatura para aprender sobre errores cognitivos, sesgos emocionales y temas afines.
Ahora, ¿quién crees que tiene una inclinación más natural hacia la inversión en acciones: los hijos de mi amigo o mis hermanos? Este es un buen momento para preguntarte: ¿tienes historias personales o familiares que te inclinen hacia un lado o hacia el otro? ¿Te sientes cómodo invirtiendo en mercados financieros? ¿Comprendes las diferentes clases de activos? ¿Estás familiarizado, por ejemplo, con la compraventa de acciones, las órdenes de límite de pérdida (stop-loss) o la toma de utilidades (profit-taking)? En otras palabras: ¿cuál es tu nivel de competencia financiera (conocimiento y experiencia)?
Si bien la idoneidad (suitability) del inversionista está regulada por distintas normativas a nivel internacional para proteger a los usuarios, ten presente lo siguiente: el conocimiento propio, la preparación financiera y el sentido común serán siempre tu primera línea de defensa para tu patrimonio, y la más segura.
Circunstancias personales
Conocerse a uno mismo suele ser más complejo que “únicamente” identificar sesgos y el nivel de conocimiento; tiene múltiples dimensiones. Las circunstancias personales como la edad, el estado civil, el patrimonio acumulado, tener hijos u otras dependencias familiares, la estabilidad del ingreso o los compromisos de deuda vigentes, influyen de manera directa en las decisiones financieras y deben formar parte de tus consideraciones antes de invertir. Aquí es donde la capacidad objetiva de riesgo (el margen financiero real para absorber una pérdida) toma el papel central, distinguiéndose de la disposición psicológica a asumirlo.
Ciertas circunstancias personales, como la edad, simplemente son lo que son. Otras pueden modificarse y, en muchos casos, mejorar a través del esfuerzo propio para reinventarse; por ejemplo, mediante una segunda ocupación o un proyecto alterno. Además, una adecuada planeación financiera resulta indispensable en este proceso: esta proporciona las herramientas necesarias para evaluar tu situación financiera actual y tomar decisiones fundamentadas; profundizaremos en ello en la Parte III de esta serie.
Un joven de 20 años con un millón de dólares probablemente adoptaría una estrategia de inversión más agresiva que una persona de 60 años desempleada, sin vivienda propia y con esa misma cantidad de dinero. Incluso si esta última contara con casa propia e ingresos pasivos, su estrategia tendería a ser considerablemente más conservadora. Por supuesto, alguien de 80 años con un patrimonio consolidado tendría prioridades y objetivos completamente distintos, como la trascendencia y la planeación sucesoria.
Esta es una de las razones por las cuales los fondos de pensiones de contribución definida suelen ofrecer fondos de ciclo de vida (target-date funds). Para los participantes más jóvenes, estos fondos mantienen una ponderación importante en renta variable e incluso en activos alternativos. En contraste, los portafolios para personas de mayor edad dependen en menor medida de acciones y se orientan más hacia instrumentos de deuda y de liquidez, con el fin de mitigar la volatilidad . A los fondos de pensiones se les considera inversionistas de largo plazo debido a que el compromiso de pago con los jubilados se encuentra a décadas de distancia . Por este motivo pueden, en cierta medida, desestimar la volatilidad coyuntural de los mercados accionarios y concentrarse en generar el crecimiento necesario para cubrir esos requerimientos de capital futuros. Para las personas más cercanas al retiro, las asignaciones se ajustan conforme a una trayectoria predeterminada (glide path), disminuyendo gradualmente el nivel de riesgo del portafolio a medida que se acerca la jubilación.
No es necesario profundizar más en los sesgos personales, la competencia y las circunstancias individuales en este momento; el punto central queda establecido. En conclusión: procura un entendimiento claro y objetivo de ti mismo bajo estas tres vertientes antes de tomar decisiones financieras relevantes. Es imposible exagerar la importancia de este ejercicio; no se trata de una labor sencilla, pero constituye el primer paso indispensable para mejorar tu relación con el dinero.
¿Por qué es importante todo esto?
Esto resulta fundamental porque la relación entre el riesgo y el rendimiento de los productos financieros es una realidad, y transitar por ella sin tener claridad sobre tu propio perfil equivale a elegir entre una bicicleta de ruta y una de montaña sin conocer el terreno que tienes por delante.
A continuación presento un breve panorama de algunos productos financieros; se trata de una perspectiva general, pero resultará útil para clarificar el concepto:
Bajo riesgo: Efectivo y valores gubernamentales de corto plazo (como Cetes o bonos soberanos) orientados a la preservación de capital y con alta liquidez. El riesgo inherente es la pérdida de poder adquisitivo frente a la inflación.
Riesgo moderado: Portafolios balanceados y fondos indexados de mercado amplio (que combinan acciones y deuda corporativa con grado de inversión) diseñados para equilibrar crecimiento y rendimiento recurrente; la liquidez se mantiene alta. El reto radica en tolerar la volatilidad del mercado.
Riesgo alto: Acciones de crecimiento (growth stocks o selección específica de empresas) con el objetivo de lograr apreciación de capital; la liquidez continúa siendo alta. El riesgo radica en la exposición al desempeño operativo y financiero de las compañías de forma individual, lo cual puede comprometer el capital invertido.
Riesgo especulativo: criptoactivos, derivados e inversiones alternativas complejas, entre otros. La meta consiste en obtener rendimientos más altos; no obstante, la liquidez puede deteriorarse con rapidez en varias de estas estrategias. Los riesgos principales son la pérdida total del capital y la falta de liquidez. Incluso dentro de esta categoría, la iliquidez puede presentarse por diseño contractual (como en fondos de capital privado), con periodos de compromiso de 7 a 10 años, o de forma estructural, originada por episodios de volatilidad extrema en el mercado subyacente.
Al margen de los detalles técnicos, este esquema ilustra que, si bien los rendimientos especulativos pueden lucir atractivos, el nivel de riesgo puede resultar excesivo para un perfil conservador o para quién dispone de un fondo de reserva reducido que podría requerir ante eventualidades, como la pérdida del empleo o emergencias de salud. La selección entre estas clases de activos debe ser un reflejo coherente de tus sesgos personales, tu competencia financiera y tus circunstancias de vida y, como tal, el resultado de una adecuada planeación; no una respuesta a la tentación de asumir riesgos desproporcionados en busca de rendimientos que tal vez no se materialicen en el horizonte de tiempo que necesitas o que, en el peor de los casos, provoquen una pérdida patrimonial.
Quiero ser muy claro: las inversiones de mayor riesgo gestionadas por instituciones financieras de prestigio, respaldadas por procesos formales de inversión, gobierno corporativo (corporate governance) sólido y procesos rigurosos de debida diligencia (due diligence), pueden constituir una alternativa válida para ciertos inversionistas. Simplemente no existen soluciones universales.
En la Parte III analizaremos el motor detrás de la gestión patrimonial en la banca privada: la planeación financiera personal, la integración de tus flujos de efectivo con herramientas institucionales y el mapeo de tus compromisos a lo largo de horizontes de corto, mediano y largo plazo.
En las entregas posteriores abordaremos cómo las metodologías de las bancas privadas globales más importantes pueden ayudarte a diseñar y distribuir tus asignaciones de inversión, mitigar los sesgos personales y optimizar tus estrategias a partir de un plan financiero estructurado. Si consigo este objetivo al término de la serie, contarás con una base más sólida en materia de planeación financiera e inversiones para fundamentar mejor tus decisiones patrimoniales.
Recuerda siempre: el propósito de estos textos es brindar contexto sobre los fundamentos de las inversiones, no proporcionar asesoría financiera específica.
Saludos,

